Esto no es un poema, es solo un pasaje pequeño de mi vida que me hizo ver las cosas de otro sentido, que me sacó de mis casillas de alguna manera.
Siempre había pensado que era de esas personas fuertes, que con una mirada fría o con palabras indiferentes bastaban para eliminar algún sentimiento negativo en mi ser, de hecho estaba casi completamente seguro... había sido capaz de ser ese cabronazo hijo puta con el cinismo de traicionar a sus mejores amigos, capaz de mentirles con tal de no volver a dirigirles la palabra nunca más, simplemente por querer probar alguna fortaleza, tener el corazón tan helado hasta el punto de no extrañarlos... y en efecto, no los extraño ni me siento culpable de la tristeza pasajera que pude haberles causado, tampoco siento la necesidad de llamarlos ni de recordar experiencias mutuas.
No sé si crees en el karma, pero si lo creyeras te estarías burlando un poco de mí.
